Los
miofibroblastos son células con forma de huso que segregan colágeno (es decir,
son similares a los fibroblastos), pero que también presentan propiedades contráctiles
bien definidas similares a las del músculo liso (es decir, mioides).
A nivel óptico no pueden diferenciarse de los fibroblastos,
pero la detección inmunocitoquímica de su contenido de actina y desmina (que
nunca se detecta en los fibroblastos) y la demostración a nivel
ultraestructural de las proteínas contráctiles, demuestran que son células
distintas.
En los tejidos normales, los miofibroblastos son prácticamente invisibles y comúnmente forman una población inactiva de células. Sin embargo, después de una lesión de un tejido los miofibroblastos se vuelven activos y comienzan a proliferar y su papel parece ser el de reparar los defectos que se producen como consecuencia de la muerte tisular. Segregan colágeno con el fin de dar un armazón firme y consolidar de esta forma el área dañada (cicatriz fibrosa). A medida que avanza la cicatrización, cada miofibroblasto se contrae y une la matriz extracelular, para reducir el tamaño del área dañada.
Además de ser importantes en la curación de heridas y en los procesos normales de reparación, los miofibroblastos también se encuentran en varias enfermedades que se caracterizan por fibrosis de los tejidos (ateromas de las arterias, fibrosis pulmonar, cirrosis hepática). En estas enfermedades los estímulos que causan la proliferación de miofibroblastos no están muy claros, pero participan en la producción local de factores de crecimiento. Por último, los miofibroblastos, participan activamente en la formación de la raíz de los dientes.